Buenas Noches Madrizzz
Ese momento entre el que decides irte a dormir y en el que, por fin, cierras los ojos. Ese momento es este blog.
martes, 1 de marzo de 2016
Nunca quise ser princesa. Parte II.
Mi madre pensó que ahí sería imposible que acabara siendo una princesa. Y me cambiaron de colegio. Allí ya no era la reina de la pista, ni podía parar el tiempo, ni siquiera había gente a la que salvar. Es más, esas personas me salvaron a mí, tiempo después y en más ocasiones de las que pensé jamás necesitar ser salvada.
En esta etapa, aprendí muchas cosas, entre ellas la amistad y el compañerismo. Fundamos un equipo de fútbol llamado el "rayito" donde también aprendí que hay cosas que se desaprenden, como marcar goles. Daba igual perder todos los partidos, daba igual salir con moratones de todos ellos, daba igual fallar lo infallable, porque siempre tenías una mano, una palabra, otra oportunidad, siempre tenías otro pase perfecto para que la cagases, otra vez.
También aprendí que a veces necesitas ayuda y que te encuentras respaldado por otras personas. En el otro colegio era imposible encontrar a alguien que diese la cara por ti o que luchase por lo que te parecía justo. Aquí, sin embargo, la gente se organizaba y juntos se negaban a dar clase sentándose en el patio hasta ser escuchados. Era flipante.
Ahí mi madre se fue dando cuenta que igual no era yo la rara, que igual no era necesario cambiarme.
Y yo tan feliz con mis nuevas amigas, qué queréis que os diga... Hasta que empezaron a depilarse y a tener la regla.
No reírse aquí, por favor lo pido, que es un tema que aún no sé si he superado. Lo segundo lo iba sobrellevando, ser la bicha rara del grupo nunca se me ha dado bien, pero lo de no poder participar en las conversaciones sin conocimiento de causa me reventaba. ¿Por qué Diosi me castigaba siendo la última de mis amigas? ¿Por qué coño quería yo a esa edad que esa cosa me bajase? Que cabeza la mía. Pero volvamos a lo anterior, la depilación. Yo me acuerdo de estar en mi casa con mi madre y mi hermana depilándose, soltar un "¿por qué te tienes que arrancar los pelos y pasar por ese dolor?" y recibir unas risas como respuesta. Les dije que yo jamás iba a pasar por eso, que me daba igual, que no, que no, y que no. Me hicieron firmar una servilleta eso mismo y sí, sí , sí. Cuando mis amigas comenzaron a depilarse y yo me veía siendo la única con mis pelitos en las piernas tuve que finalmente ceder, y tragarme otra vez las risas de mi hermana y mi madre. Con esos momentos descubrí que era una puta mierda crecer, y que jamás podría tomar decisiones sin importar lo que dijesen de mí. Porque siempre, siempre, te afecta, no mintáis. Yo supe que tenía que seguir unas normas y perdí mi concepción de libertad. Días duros.
Peeeero no todo de la pubertad/adolescencia/pavo iba a ser malo, no. Trajo consigo el alcohol. Qué cosa de malotes. Yo os juro que lo intentaba, intentaba ponerme igual de borracha que todos con el Malibú con piña, pero mientras ellos daban saltos y gritaban con una copa, yo llevaba cuatro y, vale, también gritaba y saltaba, pero no me caía. No me puto caía. Ni me costaba hablar. Que injusticia. No valía. Yo quería ser igual y volvía a no serlo. Otro revés de la vida.
Recuerdo también que le tenía asco a la cerveza señores, repito despacio, yo, asco, cerveza. Sí. Pero lo típico... Hay que empezar a dejar el Malibú y pasarse a la economía de los jóvenes y lo más rentable era la litrona. Nunca agradeceré tanto haber sido pobre, nunca.
Tuve muchos episodios de "no-princesa", como los de no quedar con mis amigas por ver un partido de fútbol o ser la única que no ha ido nunca a una discoteca light, pero es que veo que hago un 'Cuéntame' y llego al presente.
No sé si me he explicado en estas dos últimas entradas, pero me pasé la infancia-adolescencia preguntándome por qué me era tan difícil ser como las demás, jugar como las demás, hablar como las demás, hacer lo que las demás.
Tardé mucho en darme cuenta de que no quería ser una princesa ni tener un príncipe que le rescatase.
Que si algún día necesito un empujoncito, no venga nadie cabalgando y prometiéndome la felicidad eterna sin discusiones ni problemas. Quiero que venga alguien con un paquete de cervezas fresquitas (aceitunas opcional), que brindemos por la victoria del Real Madrid/Sporting y que me diga "de momento, disfrutemos de esto, ya mañana intentaremos arreglar el mundo". Con eso me basta.
martes, 16 de febrero de 2016
Nunca me gustó ser una princesa. Parte I.
Sí, de verdad, yo nunca quise ser princesa, o al menos según los cánones que tiene que tener una princesa hoy en día. Me di cuenta en el colegio. Concretamente en Carnaval.
Mientras todas las demás niñas se peleaban por disfrazarse de Cenicienta, Blancanieves o la Bella Durmiente, yo quería ser Mulán, la única princesa de esa época que no esperaba ser salvada por alguien, aquella que prefería ser ella la que salvaba a los demás. Se lo mereciesen o no.
En el patio del colegio pasé por diferentes etapas.
Primero me obcequé con jugar el fútbol con los chicos, vaya locura la mía. Al principio me aburrí muchísimo, nadie me pasaba la pelota y me pasaba los recreos buscando espacios y gritando. Me cansé y así es como comenzaron a llamarme «la chupona» de una forma despectiva (igual ahora lo vería como un halago, no sé). Cuando conseguía la pelota no la perdía 'ni pa Dios' y sí, reconozco que cuando me ponía nerviosa la cogía con las manos. Empecé a marcar goles y, con ello, empecé a gustarles más que las niñas que jugaban a "papá y mamá" y no les culpo, lo mío molaba mucho más. Me empezaron a pasar el balón, incluso cuando sólo hacía falta empujarla a portería vacía. Amor del bueno.
Pero, ¿adivináis qué? Me dejó de gustar, ya no era Sara contra el mundo, así que me aburrí y decidí probar suerte en la portería. En qué momento. Ahí cada vez que se acercaban a mi área, todo el peso recaía únicamente sobre mí. Y me volví a sentir importante. Lo malo eran los balonazos. Aguantaba bien, sin llorar, pero llegó uno en la cara que, aunque pedí a Dios por favor que no se me cayera ninguna lágrima, la lágrima cayó. Ese día deje de creer en él. Ese día también apareció la frase de "flojito que es una chica". Otro golpe más, ¿de qué iban?, ¿acaso no habían visto Mulán o qué? Pasé del fútbol, y de ellos.
Me acerqué al sector de las chicas, y tras contemplar las suculentas ofertas, decidí jugar a «Las Embrujadas», al parecer, quedaba un puesto vacante de Paper. Sí, yo también me sorprendí, la del poder de parar el tiempo, nadie la quería. Vaya suerte la mía. A día de hoy, sigue siendo mi poder favorito, aunque os juro que con algunas personas intento pararlo con todas mis fuerzas,me sale siempre mal, se me pasa volando. Qué paradojas. Volviendo al tema, me sentía divinamente, cada día salvábamos el colegio de algún plan malvado. La hostia.
Me tomé muy en serio el papel de justiciera. Tanto que un día le tiraron un poco de sopa sin querer a una amiga mía, justo en el pantalón y todos empezaron a corear que se había meado. Ella era de las que se habría reído de otra persona sin dudarlo, una verdadera bicha. Estaba tomando su propia medicina, pero era mi amiga, y se reían de ella. Cogí mi plato de sopa y se lo tiré por encima a ese niño y mi yogur a la cabeza del de enfrente. Ese día me quedé sin piscina, me encerraron en casa y aprendí el significado de lealtad. Esa amistad no duró mucho más, tardé en darme cuenta poco de lo mala que era. De ahí la frase del principio, siempre me gustó salvar a los demás, se lo merecieran o no.
domingo, 25 de octubre de 2015
No hagáis caso a los consejos.
El 7 de octubre del 2014 fue mi última entrada y bueno, ya era hora de volvernos a encontrar.
Este blog nació con la necesidad de plasmar todo lo que mi cuerpo me pedía gritar. Todos tenemos esos momentos en los que necesitas desahogarte, pero no necesariamente con una persona, basta con soltarte a ti mismo cuatro verdades delante de un espejo o en la ducha. En silencio, que no te escuche nadie, porque sí, en el fondo somos todos unos cobardes.
¿Cuántas veces habéis hablado con desconocidos sobre cosas y hasta tal punto de sentiros más a gusto que con vuestros mejores amigos? Muchas. Porque sí, repito, somos unos cobardes. Y cuanto menos sepan de nosotros los de nuestro alrededor, mejor.
Yo soy de las que piensan que mostrar nuestros sentimientos y nuestros miedos es dejarte al descubierto, vulnerable, completamente expuesto para que te busquen en donde más te pueda doler.
En realidad, dando consejos soy una puta mierda, miradme, un domingo sin otro plan que ver el debate de GH. Pero sí que os voy a decir una cosa: es mejor sorprenderte que decepcionante. Frase que habréis leído mil veces y no sé si de verdad os habéis parado a pensarlo. Si valoráis las cosas buenas y malas, jamás te compensará más haber sido valiente que cobarde. Y en el fondo creo que ese es un pensamiento de lo más valiente: hacer frente a tus problemas sin la necesidad de que nadie te aconseje, te advierta, te consuele. Únicamente contando contigo mismo.
Y, como decir otra cosa sería contradecirme, no me hagáis caso. Exponeos, sentid, atreveros, romperos, reconstruiros, volved a romperos, contadlo. Contadlo. Y no a un papel.
Este mundo está menos preparado para los valientes que Madrid para BiciMAD.
Buenas noches Madrizzz.
martes, 7 de octubre de 2014
21 maneras de felicitar a alguien.
Hoy, 7 de octubre, es el cumpleaños de Manuel Gutiérrez García. Muchos de vosotros no le conocéis, otros sí.
Me he propuesto felicitarle de 21 maneras diferentes y que me tenga presente a todas horas, así de pesada soy yo.
Así que allá vamos con otra más: MUCHÍSIMAS FELICIDADES PELÁNGANOS.
Espero que haya merecido tu te quiero anual, y que lo siga mereciendo muchos años más.
Hace tiempo pensaba que había amistades que eran para siempre, ya sé que eso no es así. Pero por el momento, espero que me dures un poquitín más, porque te necesito un poquito bastante en mi día a día.
Te quiero tanto, Manu.
sábado, 26 de abril de 2014
La luz de Candela.
Y sí, lo he terminado. Lo compré a las 12 y a las 5 ya lo tengo en un sitio privilegiado de la estantería de mi habitación.
"La luz de Candela" me ha llenado, en el sentido más completo de la palabra. Cada frase, cada capítulo, hay algo en ello que te desgarra por dentro y, al final, no sabes si las lágrimas que te caen son de Candela o de tu propia historia.
Lo he dicho muchas veces, me repatean las historias con final feliz. Estoy harta del chico malo que conoce a chica buena y al final cambia por ella y son felices para siempre. No. Eso no es así. Las personas no cambian, y menos por otras personas.
Por fin me he encontrado con una historia en la que, por mucho que (nos) queramos, el final no es el estar juntos porque el quererse no es suficiente. Que muchas veces nos obsesionamos con tratar de cambiar el final del libro cuando lo que hay que hacer es cambiarlo por otro. Que será tu libro favorito, que a ningún otro le querrás como él, pero tienes que dejar el puto libro guardado y seguir leyendo. Seguir viviendo.
Gracias Mónica, por describirnos las historias reales, aquellas en las que personas que no pueden estar juntas se siguen queriendo muchísimo más que las de los finales felices.
Esa manía tuya de salir corriendo.
Esa costumbre mía de esperarte.
Ese defecto nuestro de dejarnos huella.
viernes, 31 de enero de 2014
"Cuídate, nos debemos la vida."
Que digo yo, a quién se le ocurre ponerse una tarde de frío a escuchar a Andrés Suárez mientras estudias. Sabes que cada canción me habla de ti, bueno, y si no lo sabes, te lo comento. En fin, que creo que ya iba siendo hora de volver aquí.
Quiero que tengáis esa sensación de estar sin móvil un día. Querer mirar la hora y darte cuenta que no puedes, buscarlo en el bolsillo cada dos minutos, querer contarle algo a alguien y no poder. Imaginaros ahora esa sensación multiplicado por cien y, ahora, aplícalo a meses.
Lo primero que haces es preguntarte si esa sensación de vacío se irá, y si lo hace, cuánto tardará.
Al final, acabas asumiéndolo: no volverás a tener un móvil igual. Que sí, que los hay mejores, que te aportarán muchas más cosas que ese cacharro antiguo, pero jamás compartirán tantas cosas contigo.
Fue bonito, creo que eso es en lo único que estamos de acuerdo. Luego nos volvimos impredecibles y nos quisimos a matar. Cambiamos las risas a todas horas por las peleas como menú diario, las tardes en un banco por las noches de almohadas mojadas, pero lo peor de todo fue cambiar los "te quiero" por los "cuídate".
Hace tiempo que ya no sabemos uno del otro y, la verdad, ya no me importa. Y minipunto para mí!! Creo que con esta ya te voy ganando en mentiras. Una gran lista de mentiras.
"Te deseo lo mejor".- decía mientras deseaba que te fuera peor que a mí y que, por algún casual, algún día decidieses volver a buscarme. (Sigo en el mismo sitio, por si lo intentaste y te perdiste en el laberinto de orgullo y dignidad que solíamos frecuentar).
"Que te vaya bien".- me decías, mientras con una sonrisa me decía a mí misma "ojalá". Pero no una sonrisa cualquiera, no se si me entendéis, esa que soltamos en los momentos difíciles a punto de llorar que expresa exactamente un "no me puede estar pasando".
La verdad que una despedida en condiciones sí que nos merecíamos. O al menos una conversación tiempo después. Por lo menos para que me contestaras a esta pregunta: "¿Fue tan fácil? Después de todo, ¿fue tan fácil hacer como si jamás nos hubiéramos conocido?"
Ojalá nos encontremos, dentro de un tiempo, cuando ya no duela. Ojalá pueda mirarte a la cara sin saber que mis piernas no me fallarán y no sabré que decir. Ojalá me arme de valor y sea capaz de dedicarte un "Adiós, te deseo lo mejor y que te vaya bonito" sincero.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Siempre es un placer volver a verte, de nuevo.
Son las 3:30 de la mañana cuando llego a la siguiente conclusión: no hay nada más inteligente y caprichoso que el insomnio.
Llevábamos unos cuantos días ya sin encontrarnos e, incluso, había llegado a echarte de menos.
El insomnio se produce cuando no logras que algo importante para ti salga de tu cabeza. Es decir, quién no haya tenido insomnio alguna vez es que su vida no ha sido más importante que sus sueños.
Como ya os dije una vez: Lo verdaderamente importante es sentir y sentirnos vivos, ya sea malo o bueno.
Como te iba diciendo Qué caprichoso eres, Don Insomnio. Todos estos días sin aparecer cuando me acuesto a las 23 horas y hoy me haces una visita cuando llego de fiesta. Te he preguntado cómo tú por aquí pero lo tuyo es el silencio, el grito más fuerte. Ya nos conocemos de bastantes noches y sé que no has venido por una conversación, un recuerdo, una añoranza... Has venido por una canción y esa es tu peor visita.
Aprovecho para daros un consejo: jamás, jamás, asociéis una canción que os guste con una persona; porque sonará cuando estéis desprevenidos y no estaréis preparados para lograr deshaceros de esa persona durante los próximos 4 minutos que dure la canción.
Mi botella de agua ya se está acabando, igual que la batería del móvil, igual que nos agotamos tú y yo. No penséis que he dado un paso atrás y estoy lamentándome. Mi insomnio de hoy es positivo, la canción no sale de mi cabeza, ni tampoco los recuerdos. En mi cara, una sonrisa cargada de añoranza y felicidad por haber sentido lo que sentí. Yo, al contrario que vosotros, no trato de olvidar lo que un día me hizo feliz. Gracias insomnio por volver y hacer que le recuerde. Buenas noches Madrizzz.
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