Ese momento entre el que decides irte a dormir y en el que, por fin, cierras los ojos. Ese momento es este blog.
martes, 7 de octubre de 2014
21 maneras de felicitar a alguien.
Hoy, 7 de octubre, es el cumpleaños de Manuel Gutiérrez García. Muchos de vosotros no le conocéis, otros sí.
Me he propuesto felicitarle de 21 maneras diferentes y que me tenga presente a todas horas, así de pesada soy yo.
Así que allá vamos con otra más: MUCHÍSIMAS FELICIDADES PELÁNGANOS.
Espero que haya merecido tu te quiero anual, y que lo siga mereciendo muchos años más.
Hace tiempo pensaba que había amistades que eran para siempre, ya sé que eso no es así. Pero por el momento, espero que me dures un poquitín más, porque te necesito un poquito bastante en mi día a día.
Te quiero tanto, Manu.
sábado, 26 de abril de 2014
La luz de Candela.
Y sí, lo he terminado. Lo compré a las 12 y a las 5 ya lo tengo en un sitio privilegiado de la estantería de mi habitación.
"La luz de Candela" me ha llenado, en el sentido más completo de la palabra. Cada frase, cada capítulo, hay algo en ello que te desgarra por dentro y, al final, no sabes si las lágrimas que te caen son de Candela o de tu propia historia.
Lo he dicho muchas veces, me repatean las historias con final feliz. Estoy harta del chico malo que conoce a chica buena y al final cambia por ella y son felices para siempre. No. Eso no es así. Las personas no cambian, y menos por otras personas.
Por fin me he encontrado con una historia en la que, por mucho que (nos) queramos, el final no es el estar juntos porque el quererse no es suficiente. Que muchas veces nos obsesionamos con tratar de cambiar el final del libro cuando lo que hay que hacer es cambiarlo por otro. Que será tu libro favorito, que a ningún otro le querrás como él, pero tienes que dejar el puto libro guardado y seguir leyendo. Seguir viviendo.
Gracias Mónica, por describirnos las historias reales, aquellas en las que personas que no pueden estar juntas se siguen queriendo muchísimo más que las de los finales felices.
Esa manía tuya de salir corriendo.
Esa costumbre mía de esperarte.
Ese defecto nuestro de dejarnos huella.
viernes, 31 de enero de 2014
"Cuídate, nos debemos la vida."
Que digo yo, a quién se le ocurre ponerse una tarde de frío a escuchar a Andrés Suárez mientras estudias. Sabes que cada canción me habla de ti, bueno, y si no lo sabes, te lo comento. En fin, que creo que ya iba siendo hora de volver aquí.
Quiero que tengáis esa sensación de estar sin móvil un día. Querer mirar la hora y darte cuenta que no puedes, buscarlo en el bolsillo cada dos minutos, querer contarle algo a alguien y no poder. Imaginaros ahora esa sensación multiplicado por cien y, ahora, aplícalo a meses.
Lo primero que haces es preguntarte si esa sensación de vacío se irá, y si lo hace, cuánto tardará.
Al final, acabas asumiéndolo: no volverás a tener un móvil igual. Que sí, que los hay mejores, que te aportarán muchas más cosas que ese cacharro antiguo, pero jamás compartirán tantas cosas contigo.
Fue bonito, creo que eso es en lo único que estamos de acuerdo. Luego nos volvimos impredecibles y nos quisimos a matar. Cambiamos las risas a todas horas por las peleas como menú diario, las tardes en un banco por las noches de almohadas mojadas, pero lo peor de todo fue cambiar los "te quiero" por los "cuídate".
Hace tiempo que ya no sabemos uno del otro y, la verdad, ya no me importa. Y minipunto para mí!! Creo que con esta ya te voy ganando en mentiras. Una gran lista de mentiras.
"Te deseo lo mejor".- decía mientras deseaba que te fuera peor que a mí y que, por algún casual, algún día decidieses volver a buscarme. (Sigo en el mismo sitio, por si lo intentaste y te perdiste en el laberinto de orgullo y dignidad que solíamos frecuentar).
"Que te vaya bien".- me decías, mientras con una sonrisa me decía a mí misma "ojalá". Pero no una sonrisa cualquiera, no se si me entendéis, esa que soltamos en los momentos difíciles a punto de llorar que expresa exactamente un "no me puede estar pasando".
La verdad que una despedida en condiciones sí que nos merecíamos. O al menos una conversación tiempo después. Por lo menos para que me contestaras a esta pregunta: "¿Fue tan fácil? Después de todo, ¿fue tan fácil hacer como si jamás nos hubiéramos conocido?"
Ojalá nos encontremos, dentro de un tiempo, cuando ya no duela. Ojalá pueda mirarte a la cara sin saber que mis piernas no me fallarán y no sabré que decir. Ojalá me arme de valor y sea capaz de dedicarte un "Adiós, te deseo lo mejor y que te vaya bonito" sincero.
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