sábado, 26 de abril de 2014

La luz de Candela.

Y sí, lo he terminado. Lo compré a las 12 y a las 5 ya lo tengo en un sitio privilegiado de la estantería de mi habitación. "La luz de Candela" me ha llenado, en el sentido más completo de la palabra. Cada frase, cada capítulo, hay algo en ello que te desgarra por dentro y, al final, no sabes si las lágrimas que te caen son de Candela o de tu propia historia. Lo he dicho muchas veces, me repatean las historias con final feliz. Estoy harta del chico malo que conoce a chica buena y al final cambia por ella y son felices para siempre. No. Eso no es así. Las personas no cambian, y menos por otras personas. Por fin me he encontrado con una historia en la que, por mucho que (nos) queramos, el final no es el estar juntos porque el quererse no es suficiente. Que muchas veces nos obsesionamos con tratar de cambiar el final del libro cuando lo que hay que hacer es cambiarlo por otro. Que será tu libro favorito, que a ningún otro le querrás como él, pero tienes que dejar el puto libro guardado y seguir leyendo. Seguir viviendo. Gracias Mónica, por describirnos las historias reales, aquellas en las que personas que no pueden estar juntas se siguen queriendo muchísimo más que las de los finales felices. Esa manía tuya de salir corriendo. Esa costumbre mía de esperarte. Ese defecto nuestro de dejarnos huella.