domingo, 25 de octubre de 2015

No hagáis caso a los consejos.

El 7 de octubre del 2014 fue mi última entrada y bueno, ya era hora de volvernos a encontrar. Este blog nació con la necesidad de plasmar todo lo que mi cuerpo me pedía gritar. Todos tenemos esos momentos en los que necesitas desahogarte, pero no necesariamente con una persona, basta con soltarte a ti mismo cuatro verdades delante de un espejo o en la ducha. En silencio, que no te escuche nadie, porque sí, en el fondo somos todos unos cobardes. ¿Cuántas veces habéis hablado con desconocidos sobre cosas y hasta tal punto de sentiros más a gusto que con vuestros mejores amigos? Muchas. Porque sí, repito, somos unos cobardes. Y cuanto menos sepan de nosotros los de nuestro alrededor, mejor. Yo soy de las que piensan que mostrar nuestros sentimientos y nuestros miedos es dejarte al descubierto, vulnerable, completamente expuesto para que te busquen en donde más te pueda doler. En realidad, dando consejos soy una puta mierda, miradme, un domingo sin otro plan que ver el debate de GH. Pero sí que os voy a decir una cosa: es mejor sorprenderte que decepcionante. Frase que habréis leído mil veces y no sé si de verdad os habéis parado a pensarlo. Si valoráis las cosas buenas y malas, jamás te compensará más haber sido valiente que cobarde. Y en el fondo creo que ese es un pensamiento de lo más valiente: hacer frente a tus problemas sin la necesidad de que nadie te aconseje, te advierta, te consuele. Únicamente contando contigo mismo. Y, como decir otra cosa sería contradecirme, no me hagáis caso. Exponeos, sentid, atreveros, romperos, reconstruiros, volved a romperos, contadlo. Contadlo. Y no a un papel. Este mundo está menos preparado para los valientes que Madrid para BiciMAD. Buenas noches Madrizzz.

martes, 7 de octubre de 2014

21 maneras de felicitar a alguien.

Hoy, 7 de octubre, es el cumpleaños de Manuel Gutiérrez García. Muchos de vosotros no le conocéis, otros sí. Me he propuesto felicitarle de 21 maneras diferentes y que me tenga presente a todas horas, así de pesada soy yo. Así que allá vamos con otra más: MUCHÍSIMAS FELICIDADES PELÁNGANOS. Espero que haya merecido tu te quiero anual, y que lo siga mereciendo muchos años más. Hace tiempo pensaba que había amistades que eran para siempre, ya sé que eso no es así. Pero por el momento, espero que me dures un poquitín más, porque te necesito un poquito bastante en mi día a día. Te quiero tanto, Manu.

sábado, 26 de abril de 2014

La luz de Candela.

Y sí, lo he terminado. Lo compré a las 12 y a las 5 ya lo tengo en un sitio privilegiado de la estantería de mi habitación. "La luz de Candela" me ha llenado, en el sentido más completo de la palabra. Cada frase, cada capítulo, hay algo en ello que te desgarra por dentro y, al final, no sabes si las lágrimas que te caen son de Candela o de tu propia historia. Lo he dicho muchas veces, me repatean las historias con final feliz. Estoy harta del chico malo que conoce a chica buena y al final cambia por ella y son felices para siempre. No. Eso no es así. Las personas no cambian, y menos por otras personas. Por fin me he encontrado con una historia en la que, por mucho que (nos) queramos, el final no es el estar juntos porque el quererse no es suficiente. Que muchas veces nos obsesionamos con tratar de cambiar el final del libro cuando lo que hay que hacer es cambiarlo por otro. Que será tu libro favorito, que a ningún otro le querrás como él, pero tienes que dejar el puto libro guardado y seguir leyendo. Seguir viviendo. Gracias Mónica, por describirnos las historias reales, aquellas en las que personas que no pueden estar juntas se siguen queriendo muchísimo más que las de los finales felices. Esa manía tuya de salir corriendo. Esa costumbre mía de esperarte. Ese defecto nuestro de dejarnos huella.

viernes, 31 de enero de 2014

"Cuídate, nos debemos la vida."

Que digo yo, a quién se le ocurre ponerse una tarde de frío a escuchar a Andrés Suárez mientras estudias. Sabes que cada canción me habla de ti, bueno, y si no lo sabes, te lo comento. En fin, que creo que ya iba siendo hora de volver aquí. Quiero que tengáis esa sensación de estar sin móvil un día. Querer mirar la hora y darte cuenta que no puedes, buscarlo en el bolsillo cada dos minutos, querer contarle algo a alguien y no poder. Imaginaros ahora esa sensación multiplicado por cien y, ahora, aplícalo a meses. Lo primero que haces es preguntarte si esa sensación de vacío se irá, y si lo hace, cuánto tardará. Al final, acabas asumiéndolo: no volverás a tener un móvil igual. Que sí, que los hay mejores, que te aportarán muchas más cosas que ese cacharro antiguo, pero jamás compartirán tantas cosas contigo. Fue bonito, creo que eso es en lo único que estamos de acuerdo. Luego nos volvimos impredecibles y nos quisimos a matar. Cambiamos las risas a todas horas por las peleas como menú diario, las tardes en un banco por las noches de almohadas mojadas, pero lo peor de todo fue cambiar los "te quiero" por los "cuídate". Hace tiempo que ya no sabemos uno del otro y, la verdad, ya no me importa. Y minipunto para mí!! Creo que con esta ya te voy ganando en mentiras. Una gran lista de mentiras. "Te deseo lo mejor".- decía mientras deseaba que te fuera peor que a mí y que, por algún casual, algún día decidieses volver a buscarme. (Sigo en el mismo sitio, por si lo intentaste y te perdiste en el laberinto de orgullo y dignidad que solíamos frecuentar). "Que te vaya bien".- me decías, mientras con una sonrisa me decía a mí misma "ojalá". Pero no una sonrisa cualquiera, no se si me entendéis, esa que soltamos en los momentos difíciles a punto de llorar que expresa exactamente un "no me puede estar pasando". La verdad que una despedida en condiciones sí que nos merecíamos. O al menos una conversación tiempo después. Por lo menos para que me contestaras a esta pregunta: "¿Fue tan fácil? Después de todo, ¿fue tan fácil hacer como si jamás nos hubiéramos conocido?"
Ojalá nos encontremos, dentro de un tiempo, cuando ya no duela. Ojalá pueda mirarte a la cara sin saber que mis piernas no me fallarán y no sabré que decir. Ojalá me arme de valor y sea capaz de dedicarte un "Adiós, te deseo lo mejor y que te vaya bonito" sincero.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Siempre es un placer volver a verte, de nuevo.

Son las 3:30 de la mañana cuando llego a la siguiente conclusión: no hay nada más inteligente y caprichoso que el insomnio. Llevábamos unos cuantos días ya sin encontrarnos e, incluso, había llegado a echarte de menos. El insomnio se produce cuando no logras que algo importante para ti salga de tu cabeza. Es decir, quién no haya tenido insomnio alguna vez es que su vida no ha sido más importante que sus sueños. Como ya os dije una vez: Lo verdaderamente importante es sentir y sentirnos vivos, ya sea malo o bueno. Como te iba diciendo Qué caprichoso eres, Don Insomnio. Todos estos días sin aparecer cuando me acuesto a las 23 horas y hoy me haces una visita cuando llego de fiesta. Te he preguntado cómo tú por aquí pero lo tuyo es el silencio, el grito más fuerte. Ya nos conocemos de bastantes noches y sé que no has venido por una conversación, un recuerdo, una añoranza... Has venido por una canción y esa es tu peor visita. Aprovecho para daros un consejo: jamás, jamás, asociéis una canción que os guste con una persona; porque sonará cuando estéis desprevenidos y no estaréis preparados para lograr deshaceros de esa persona durante los próximos 4 minutos que dure la canción. Mi botella de agua ya se está acabando, igual que la batería del móvil, igual que nos agotamos tú y yo. No penséis que he dado un paso atrás y estoy lamentándome. Mi insomnio de hoy es positivo, la canción no sale de mi cabeza, ni tampoco los recuerdos. En mi cara, una sonrisa cargada de añoranza y felicidad por haber sentido lo que sentí. Yo, al contrario que vosotros, no trato de olvidar lo que un día me hizo feliz. Gracias insomnio por volver y hacer que le recuerde. Buenas noches Madrizzz.

domingo, 18 de agosto de 2013

He vuelto, pero con una sonrisa.

Lo confieso. Me daba miedo volver. A la rutina, al calor madrileño, a las noches de insomnio, a las dudas de si lo hice bien, a los remordimientos, pero, sobre todo, a volver a ti. Me daba miedo no volver a poder dormir, de nuevo. Pero claro, hablo en pasado. He vuelto de puntillas y me he asomado a la puerta esperando encontrarte. Cerré los ojos muy fuerte y no sabía que si estaba preparada. Pero las cosas malas, cuánto más rápido, mejor. Los abrí de golpe y ya no había nada: no estabas tú, ni tu risa, ni nuestras conversaciones, ni siquiera nuestras discusiones (ésas que tanto nos gustaban). Vacío. Así que con una sonrisa la cerré y miré hacia adelante. Dejo el móvil en la mesilla con intención de dormir al primer intento, y, os aseguro, que lo coseguiré hoy. Y mañana. Muy buenas noches Madrizzz (hoy de verdad).

martes, 6 de agosto de 2013

Sufrir para reir.

Nacer. Crecer. Morir. Y entre esas etapas tendrás que aprender a llorar y acto seguido reir, a levantarte antes de caerte, a cerrar puertas que no te convienen, antes de que se abran; a desconfiar porque antes ya confiaste demasiado, a dejar de echar de menos a quien te echa de más, a ponerte la tirita antes de que te hagan la herida. Y cuando lo aprendes, tu único objetivo será desaprender. Porque en eso consistimos, en nunca conformarnos con lo que tenemos, con lo que somos. Querremos querer a quien no queremos y dejar de querer a quien lo hacemos. Querremos ser lo que no somos y tener lo que no tenemos. Y jamás, sabremos apreciar lo que tenemos en el presente porque eso lo valoraremos en el futuro. Sólo tendrás un momento en tu vida, puede durar un día, una semana o un minuto; en el que pensarás que eres la persona más feliz de este mundo y no necesitarás nada más. Y cuando se acaba, te preguntarás "¿volveré a sentir lo mismo?" y en ese justo momento, lamentablemente, ya sabrás la respuesta. En eso consiste la vida, y en tu mano está vivirla al completo o sólo parcialmente. Buenas noches Madrizzz.