lunes, 24 de junio de 2013

Buena suerte.

Otro día, otra noche, esperando el momento de dormir mirando al techo. Esperando, quizá, recibir ese mensaje dándome las buenas noches o esa llamada para irme a dormir con una sonrisa de oreja a oreja. Pobre ilusa, siempre esperando, como espera impaciente un niño los regalos el día de reyes, o como esperamos ansiosos los 18 para abandonar los dnis falsos. Lo bueno de esos momentos es que la espera siempre llega a buen puerto, pero esta vez no. Miro la hora, posiblemente ya estés dormido o te encuentres en la misma situación, esperando a que te hable yo. Y otra vez me digo, pobre ilusa, tú nunca fuiste de esos, ir detrás siempre se me dio mejor a mí. Hasta que llegó ese momento en el que me pregunté la diferencia entre hacer el idiota o demostrar lo mucho que te importa alguien. Decidí que quería ser yo los regalos de ese niño o los esperados 18 de esa adolescente, decidí que fuesen otros los que me demostrasen a mí. En este texto, no guardo ni una pizca de rencor, estoy feliz de haber podido dar un portazo a esa puerta que siempre se abría, estoy contenta de haberme alejado de ti y que me dieras la razón: que no te importé lo suficiente como para que llegase la hora de que me lo demostrases tú. Llegados a este momento, no te mentiré, no ha sido fácil, te he echado de menos más de lo que mi orgullo podría esperar, pero he superado la barrera de la dependencia y créeme cuando te digo que ya no espero que vayas a aparecer. Te deseo lo mejor y espero que, algún día, logres apreciar la amistad la mitad de lo que lo hago yo. Buena suerte mañana y Buenas noches Madrizzz.

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