Ese momento entre el que decides irte a dormir y en el que, por fin, cierras los ojos. Ese momento es este blog.
jueves, 1 de agosto de 2013
Capítulo cinco.
Había pasado ya una semana de aquella llamada de teléfono y tenía que volver a su vida. No podía quedarse en casa sumergida en recuerdos que ya no volverían. Todo el mundo le aconsejaba que tenía que intentar olvidarlo y eso era justo lo que ella no pensaba hacer. Seguiría viviendo, pero con él siempre presente. Todavía no había visto a los padres de él, no había conseguido reunir las fuerzas que necesitaba; así que decidió que había llegado el día de aceptar su invitación de ir a pasar la tarde con ellos. Ella era lo más cercano que les quedaba de su hijo y tampoco querían perderla.
Se puso un vestido ajustado con estampados, unas sandalias planas, un collar que jamás ya se quitaba y, aunque no lo hiciese a menudo, se maquilló para darle un poco de alegría y color a su cara.
Llegó sobre las seis y la acogieron con toda la ternura y cariño posible.
Estaban sentados en la mesita del salón tomando un café cuando su madre se acercó con una caja en sus manos.
"Me alegro mucho de que, al fin, hayas aceptado la invitación. Teníamos muchas ganas de verte, ha sido una semana muy dura. Toma.".- le dijo mientras le ofrecía la cajita de madera.
"¿Qué es?".- preguntó con una mezcla de asombro e inquietud.
"Hemos estado recogiendo las pocas cosas que quedaban de él en casa y pensamos que esto deberías quedártelo tú".
Ella abrió la caja. A pesar de lo pequeña que era, guardaba en su interior bastantes cosas. Sacó la primera y notó como sus ojos se empezaban a humedecer.
"Estas son las entradas de la primera vez que fuimos al cine. Me acuerdo que me quería meter a una de miedo y, al final, le logré convencer para que fuésemos a ver esta. Ahora sólo veíamos películas románticas.".- Les explicó.
Las guardó y sacó otro papel doblado que reposaba al fondo de la caja. "¡No me lo puedo creer!".- exclamó entre risas. "Es un problema de matemáticas. Nunca se le dieron bien y pasábamos tardes y tardes peleándonos con ellas en la biblioteca."
Siguió mirando la caja y sacando todas las cosas: una concha con una foto de los dos de cuando fueron a Barcelona, una pulsera de cuero que ya había dado por perdida, un recorte de un vestido de boda que le dijo que le gustaba, billetes de avión de su viaje a Mallorca, el primer disco de Melendi que le regaló, entradas, fotos...
"Nunca pensé que guardaría todas estas cosas, muchas gracias en serio. Significa mucho para mí".- dijo mientras se secaba las lágrimas con el pañuelo que le había tendido la madre.
Se despidieron con la promesa de no tardar en verse.
Llegó a casa y encendió la radio. En ese momento sonaba "Tu jardín con enanitos", se apoyó en la pared y se dejó caer. Tenía ganas de llorar pero no le salían las lágrimas. Supongo que ya se las habían acabado. Una silueta peluda apareció tímidamente mientras susurraba la canción. "Ey bonito... Ven cariño". Él se acerca, en sus ojos sólo ve tristeza, ya no queda nada del perro alegre de antaño. Parece que no es la única que ha sufrido. Le acaricia hasta que acaba la pieza, es ahí cuando le dice "Le echo tantísimo de menos..." y hunde su cabeza en su pelaje rompiendo a llorar. No, no se le habían acabado.
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