Ese momento entre el que decides irte a dormir y en el que, por fin, cierras los ojos. Ese momento es este blog.
viernes, 19 de julio de 2013
Capítulo 2.
"Venga Alberto, así, despacito y sin salirse... Los demás, mientras termina él de hacer la ficha, vais por orden a por los abrigos y os ponéis de pie en vuestro sitio". Una buena maestra no debería tener favorito, pero para ella era inevitable que Alberto no fuese su ojito derecho. Rubito, con el pelo rizado y con unos mofletes que pedían a gritos que los mordieses.
Cada día que pasaba, estaba más segura de que tenía la mejor profesión del mundo. Era agotador, sí, pero tan gratificante que daba igual lo mal que fuera el día, esos bichitos te lo alegraban.
Metió las llaves en la cerradura, abrió la puerta y en seguida fue a achuchar a su hombretón que le esperaba tumbado en el suelo. "oioioi pero que guapoo es mi chico por dios, te voy a comer enterito un día de estos. Te has hecho pis encima? No verdad? Si no me voy a enfadar..."
Una vez terminado su ataque de amor, se dirigió al salón. Y ahí estaba. Durmiendo la siesta con la televisión de fondo. No lo dudó, hizo lo que siempre hacía. Cogió impulso y se avalanchó sobre él. "Buenas tardes mi amoooooorr, dime que me has echado de menos. Dímelo" le dijo mientras ponía cara de cordero degollado. Con un suspiro y con los ojos aún cerrados le contestó "En estos momentos juro por dios que te mataría. No lo hago porque no sobreviviría sin estos momentos. Sin ti". La cogió y la acurrucó junto a él en el sofá no sin que antes ella escuchase un leve susurro en forma de "ya era hora de que llegases, te echaba de menos".
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